31 de julio de 2019

“La pindonga”, “El cuchuflito”

Resulta significativo que las dos palabras del título, así como la que pronunciara hace unos meses para referirse al presidente Macri cuando lo señaló como “machirulo”, adquirieran tanta difusión, más allá de que la emisora sea Cristina Fernández. Lo que sin duda está indicando esta circunstancia es que la expresidenta ocupa hoy el centro de la escena política nacional. Dicho esto, veamos algunos elementos que configuran esa realidad, que hoy está muy lejos de aquella promesa de pobreza cero que Macri. por el Prof. Carlos R: Santiago

Hiciera durante la campaña electoral. Hoy en la Argentina que produce alimentos para 400 millones de personas, lo que abunda y se incrementa es el hambre de amplios sectores de la población. Es que en un contexto de recesión e inflación como no se tiene memoria, con tarifas de los servicios públicos dolarizadas, y con salarios a la baja, sumado al aumento de alimentos de la canasta básica en un 58,3 por ciento, se hace necesario  que una familia tipo perciba  12.410 pesos para no caer en la indigencia y 31.148 para superar  la línea de la pobreza. Ante esta realidad, en la que los trabajadores han perdido considerablemente su poder adquisitivo, los grandes productores y los supermercados pusieron en marcha una solución que refleja la creciente desigualdad social que empuja Cambiemos. Sobre esta situación Cristina Fernández se refirió en la presentación de su libro Sinceramente, en Mar del Plata. “Durante nuestra gestión, los supermercados rebosaban de mercaderías de primera marca. Ahora aparecen y proliferan marcas que nadie conoce: ‘La Pindonga’, ´El Cuchuflito´. Hasta te venden productos que dicen, en lugar de leche, producto lácteo que contiene leche. ¿Qué es eso?”, se preguntó la expresidenta con la obvia intención de remarcar el brutal empobrecimiento provocado por las políticas económicas del macrismo a través de una de sus manifestaciones más visibles: el traspaso de los consumidores de las primeras marcas (más caras) a las segundas o terceras (más baratas). Ante este cuadro de empobrecimiento de las grandes  mayorías, desde los sectores productivos surgió un paliativo importante para amortiguar los efectos de la crisis en que nos ha metido Mauricio Macri. Así, el 24 de julio se produjo en Plaza de Mayo un “alimentazo”, el mismo día en que se inició la apertura de la exposición rural y en un año en el que se logró una cosecha record en materia de soja, maíz y trigo.

Como contracara del agro tradicional y monopólico, se vendieron en la Plaza  30 mil kilos de productos a  bajo precio, llevados a ese lugar por parte de pequeños y medianos productores. La iniciativa fue organizada por el Foro Agrario para reclamar por los costos que afrontan los productores del campo y los altos precios a los que los consumidores finalmente acceden a alimentos en las ciudades. De esta forma, cientos de personas asistieron para comprar los productos, con verduras a 20 pesos, fideos, arroz y harinas a 30 pesos por kilo promedio. Cabe recordar que los pequeños productores producen más de la mitad de los alimentos frescos, pero sólo el 13 por ciento es el dueño de la tierra cultivable, según la Unión de Trabajadores de la Tierra.

A Plaza de Mayo concurrieron productores de La Plata, Florencio Varela, Almirante Brown y la zona norte del Gran Buenos Aires. Como pudo constatarse una vez más, es posible favorecer el consumo masivo a través de la comercialización directa entre productores y consumidores. Por eso es un recurso válido la instalación de ferias barriales que eviten la intermediación parasitaria, tal como prometen instrumentar opositores políticos del Frente de Todos, si llega a ser gobierno luego de las próximas elecciones.

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