29 de abril de 2019

ARGENTINA: EL CAMPO

Desde los inicios de nuestra historia la estructura económica tuvo en la producción agropecuaria el motor del consumo interno y de las exportaciones.

Hacia fines del Siglo XlX, las grandes potencias delineaban la división internacional del trabajo, y con Inglaterra a la cabeza, nos condicionaron para convertirnos en un país abastecedor de materias primas de carácter agropecuario. Así entonces, gracias a las ventajas naturales de nuestro suelo nos convertimos ---en vísperas del Centenario--- en el granero del mundo, exportando trigo y otros cereales. Contradiciendo a la teoría del derrame, en los primeros años del siglo XX, en Buenos Aires abundaban las ollas populares y las enfermedades sociales, a pesar de la abundancia de alimentos que se producían. Tal como ocurre hoy, que como se sabe producimos alimentos para 400 millones de personas, mientras miles de argentinos dejan de consumir leche y carne a raíz de los precios dolarizados de los mismos. Esta desigual distribución del ingreso nos ha conducido a la vergüenza nacional que significa la presencia de tantos argentinos revisando la basura buscando comida. Como decíamos, Argentina es un país agrario sin debate agropecuario. Ocurre que el tema del campo, ya sea por urgencias electorales, por la ignorancia de los políticos o por un abandono inducido, está ausente en las reuniones partidarias, en la preocupación de los militantes y de los intelectuales, etc. etc. Y esto no es una ausencia menor. La Argentina es un país donde los derivados de la agricultura y la ganadería representan el primer rubro de nuestras exportaciones (66%), el 10,4%del PBI y genera un de cada seis puestos de trabajo. Más allá de las razones apuntadas, surge el interrogante de porqué el tema del campo ha estado oculto durante décadas del debate público, mientras se convertía en el sector económico más importante y más influyente del país. Tampoco puede atribuirse tal ausencia a un mero descuido. Se trata más bien a una fenomenal desinformación en la que los grandes propietarios han logrado sustraer el tema a todo control político y popular. En línea con esto, puede explicarse el ocultamiento de la constante concentración de la propiedad de la tierra, lo que obviamente atenta contra la propia democracia del país. Prueba de ello son los 60.824 establecimientos agropecuarios menos que en 2.002. Como consecuencia de esto y según el Censo Nacional de 2.009, el consiguiente éxodo rural acabó con unas 60.000 chacras mixtas. A todo esto hay que sumarle los casi 100.000 productores que se fundieron en los años noventa, lo que hizo desaparecer varios pueblos rurales. Otra consecuencia de la voraz concentración de la propiedad territorial ha sido la consiguiente destrucción de enormes bosques nativos en función de extender la frontera agropecuaria. Como parte de la desinformación y el ocultamiento señalado, puede afirmarse que en 2.008 y en relación a la resolución 125, se produjo la torpeza oficial de generalizar la retenciones, sin diferenciar chacareros, pequeños productores, medianos y grandes. Así se predispuso a buena parte de la población del interior contra el gobierno. En definitiva, a casi 40 años de la recuperación democrática, el sector más importante de la vida económica del país, se halla escabullido del debate público y abierto. Sólo suelen conocerse menciones aisladas o consignas circunstanciales de tono general y escaso contenido. Pequeño desafío entonces para el próximo gobierno, si aspira a modificar el perfil agropecuario del país, que es como decir, modificar en profundidad la triste realidad de nuestros días.

Prof. Carlós R. Santiago

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