OPINIÓN

11 de diciembre de 2018

MUNDO : MEXICO Y BRASIL

Prof. CARLOS SANTIAGO

Mientras el nuevo presidente de México, Andrés Manuel López Obrador asumió el 1º de diciembre, Jair Bolsonaro de Brasil lo hará el 1º de enero próximo.

Al tratarse de dos presidentes de las principales naciones de América Latina, el destino político de ambas naciones excede a sus propias geografías. La historia política de los dos elegidos y su filiación ideológica son como se sabe bastante distintas. Se trata entonces de estimar cual será el derrotero económico que emprenderá uno y otro. Bolsonaro reducirá el número de ministerios y privatizará varias empresas públicas. Como no podría ser de otra manera, en el modelo neoliberal que propone anunció disminuir los impuestos al empresariado con la consabida excusa de favorecer las inversiones y aumentar el número de empleos. Algo ya conocido en nuestras pampas. . . Como sucedió cuando se les redujo las retenciones al campo exportador y a las mineras. Esto necesariamente redunda en menos recursos para la salud, la educación y áreas sociales. Para el caso de Brasil, donde millones de personas viven con dos dólares diarios, el golpe será demoledor. De esta manera, Bolsonaro parece haber elegido el camino del ajuste en favor de las corporaciones. Es por eso que insiste en que implementará “mano dura”, lo que significa más militarización de la sociedad. Como suele decirse, un plan que sólo cierra con represión. El caso de López Obrador parece orientarse a producir cambios en favor de los más postergados. Sin embargo, no parece esperarle una tarea fácil, en un país atravesado por la inseguridad, la corrupción y donde casi la mitad de la población vive en situación de pobreza. El nuevo presidente ha prometido austeridad, por lo que ha comenzado por reducir las remuneraciones de los altos funcionarios, empezando por él mismo. También se comprometió a no utilizar y vender el lujoso e innecesario avión presidencial. Para el caso de los ex presidentes resolvió el retiro de las enormes pensiones que reciben, junto a otra serie de privilegios. Tal como ocurre en Venezuela, López Obrador propone para mitad de su mandato, una consulta revocatoria, para que el pueblo decida si debe seguir en la presidencia o no. En materia educativa planea echar abajo la mal llamada reforma educativa de Peña Nieto. Crear cien universidades nuevas, aumentar en diez millones las becas para estudiantes, así como el número de pensiones para los discapacitados, duplicar el monto de las jubilaciones y aumentar el salario mínimo de los trabajadores en actividad. Con la despenalización de la producción, comercialización y el libre consumo de la marihuana, espera enfrentar al narcotráfico, que constituye uno de los principales factores de la inseguridad y el crimen en el país. En lo que hace a la región, la llegada de este presidente progresista ejercerá sin duda un importante contrapeso a la figura de Bolsonaro. Por lo mismo, para Venezuela y el peligro de sufrir una invasión militar significa una muy buena noticia. Por último, en su discurso inaugural, el flamante presidente lanzó una frase sintetizadora de su ideario: “Por el bien de todos, primero los pobres”, dijo. Prof. Carlos R. Santiago

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