OPINIÓN

2 de noviembre de 2019

AMERICA: EL NUEVO CICLO

Cuando a principios de siglo llegaron a la región los gobiernos progresistas y de izquierda, recuperando derechos y mejorando la distribución de ingresos, no tardaron de ponerse en marcha todos los recursos institucionales y periodísticos de los dueños del poder real para confrontar con esas experiencias populares.

Una razón esgrimida para bajarles el precio a esos nuevos gobiernos fue el atribuir el éxito de los mismos al “viento de cola”, es decir, a la suba del precio internacional de las materias primas, que obviamente dotaban a esos gobiernos de formidables recursos. Pero eso no fue todo. La oposición conservadora armó causas judiciales falsas, puso en marcha lo que se denominó “periodismo de guerra”, ejecutó “golpes blandos” para destituir a gobernantes elegidos por el voto popular y toda clase de argucias para estigmatizar y desestabilizar a esos gobiernos populares. Con estos recursos volvieron al gobierno los candidatos neoliberales en varios países. Envalentonados con esa restauración reaccionaria se difundió la idea de que la derecha había vuelto para quedarse. Sin embargo, hubo resistencias que supieron aguantar la ofensiva, como fueron los casos de Nicaragua y Venezuela. Más cercano en el tiempo, se produjo el levantamiento popular en Ecuador en rechazo de las viejas recetas del FMI. Luego vendrán las impresionante movilizaciones del pueblo chileno, poniendo en evidencia la desigualdad de un modelo neoliberal que había sido presentado por las clases dominantes de la región, como el ejemplo a seguir. Recientemente, el presidente Macri es derrotado en las urnas por el Frente de Todos, como corolario de las luchas que el pueblo argentino supo sostener en las calles del país y a través de un formidable proceso de unidad política pocas veces visto. Antes había aparecido en México el gobierno popular de López Obrador, mientras Evo Morales era elegido en primera vuelta para un cuarto mandato presidencial. En Uruguay, el Frente Amplio también ganó las presidenciales, aunque deberá enfrentar a la derecha unida en una segunda vuelta. Por otra parte, los gobiernos de Perú y Paraguay cosechan fuertes rechazos de sus pueblos movilizados. Como puede verse, el intento de consolidar la restauración conservadora a través de gobiernos de derecha no ha dado los resultados esperados. Es que los pueblos de la región tienen muy presentes en su memoria, los tiempos en que recuperaron derechos y gozaban de un mejor vivir. Por eso, no tardaron en rechazar enérgicamente el ajuste, el libre mercado, la disminución de salarios, la desocupación, el hambre y el desamparo de los más vulnerables. En nuestro país, a partir de diciembre se abren un sinfín de posibilidades y al mismo tiempo, un enorme desafío. En primer lugar abordar el apremiante problema del hambre. Habrá que lograr crecimiento económico y mejorar la distribución del ingreso. Para que eso tenga sustentabilidad en el tiempo, se necesitará transformar el modelo productivo, apuntando a sacar al país de la primarización económica, para alcanzar una industrialización que potencie el valor de nuestros productos. Otra asignatura pendiente es lograr una integración regional que en otros momentos no llegó a completarse suficientemente. Por último, aprovechar esta instancia de unidad política lograda , para fortalecer las organizaciones políticas, sindicales y sociales, habida cuenta de las enormes tareas que habrá que llevar adelante, en un escenario en el que las oligarquías locales y la enorme influencia de las corporaciones internacionales, seguirán priorizando sus intereses particulares por sobre el de grandes mayorías.

Prof. Carlos R. Santiago

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