ANALISIS  29 de septiembre de 2018

LA ARGENTINA DE DOS CARAS

Mauricio Macri llegó al gobierno prometiendo pobreza cero, bajar la inflación, una lluvia de inversiones y la justicia independiente, lo que formaría parte de un cambio que nos alejaría definitivamente de lo que ha dado en llamar el populismo corrupto.

A casi tres años de gobierno, el balance resulta bastante diferente. Las primeras medidas fueron devaluar el peso en un 30 por ciento, eliminación de impuestos a los exportadores del campo y las corporaciones mineras, junto a una reducción de los aportes patronales, la imposición de paritarias a la baja en medio de una inflación anual que se estima superior al 42 por ciento. Pero no solo eso, la formidable transferencia de recursos a los ricos y al sector financiero acarrea un importante déficit fiscal que el gobierno se lo carga a los trabajadores, con la excusa de que éste es causado por el gasto excesivo. Por añadidura, los funcionarios se sienten habilitados para ejecutar la reforma previsional y laboral, con fuertes ajustes en salud y educación. Las consecuencias de todo el descalabro económico hicieron aumentar la pobreza que en 2015 llegaba del 28 al 40 por ciento actual. De esta forma, el granero del mundo --- que constituye nuestro país--- tiene uno de cada diez menores que pasa hambre, uno de cada cuatro se subalimenta, uno de cada tres se alimenta en comedores sociales y uno de cada cuatro no tiene acceso al agua potable ni a cloacas. Este cuadro de situación tiene sus raíces en el modelo que nos viene del siglo XIX, cuando la oligarquía de aquel entonces se amoldó a la división internacional del trabajo y nos condenó a la producción de materias primas, modelo que se reiteró con los sucesivos golpes de estado y los últimos gobiernos neoliberales, como el que hoy conduce Macri. Además, a la suma de calamidades se le agrega el deterioro institucional y la pérdida de la soberanía, persecución a opositores sindicales y políticos, junto a la represión de la protesta social. Como contrapartida al hambre y la desprotección, el pueblo se organiza y se esfuerza para alcanzar la necesaria unidad sindical y política. Mientras Macri pasa la gorra en Nueva York y se inclina ante los funcionarios del Fondo, el pueblo argentino toma las calles para expresar masivamente la protesta ante el ajuste. Así entonces, las CTA junto a organizaciones sociales y un grupo de dirigentes y seccionales de la CGT, a la que se sumó Hugo Moyano, realizaron una masiva movilización a Plaza de Mayo el lunes 24 de setiembre, como antesala del paro general del 25. Ante una multitud que algunos observadores calcularon en medio millón de personas, diez oradores pidieron un plan de lucha contra el FMI y para impedir la aprobación del Presupuesto. En la mítica Plaza de Mayo estaban los sindicatos confederados en la CGT y enrolados en el Frente Sindical para el Modelo Nacional. También estuvieron las columnas de las organizaciones sociales que componen el triunvirato de San Cayetano: la CTEP, la CCC y Barrios de Pie. Detrás de las organizaciones convocantes se pudo ver a los docentes de CETERA y Suteba, luego los estatales de ATE y el Astillero Río Santiago, los aeronáuticos y los metrodelegados. En el uso de la palabra, Hugo Yasky comenzó señalando que “vamos a estar en la calle hasta que cambien la política económica, se terminen los despidos y tengamos nuestros derechos reconocidos”. En otro tramo de su intervención, le apuntó al presidente Macri que según dijo “está en Washington y ya debe tener las rodillas entumecidas, nosotros estamos de pie y él de rodillas ante el FMI”. Luego convocó a “sostener la unidad y la convergencia para construir un plan de lucha”. Por su parte, el bancario Sergio Palazzo afirmó que si es necesario se harán “uno y mil paros”. Por último convocó a la movilización en la que los trabajadores marcharán a Luján el 20 de octubre. El martes 25 el país quedó totalmente paralizado como consecuencia del paro general convocado por la CGT y que incluyó a los sindicatos del transporte. Como quedó demostrado, el crecimiento de las luchas sindicales y sociales está alcanzando un nivel inusitado. La unidad de los dirigentes gana terreno por la presión de sus bases, mientras en el plano político, a pesar de algunas señales alentadoras, todavía carece de la unidad necesaria para constituirse en una sólida alternativa de gobierno. Sin embargo, ante el endeudamiento y la entrega de la soberanía por parte de Cambiemos, se planta firme una sociedad que presenta batalla todos los días. Como un símbolo grotesco de esta Argentina de dos caras, el martes 25 se pudo ver al país atravesado por un paro general que en las mismas horas, tenía a su presidente en Nueva York bailando con los usureros del FMI. Por lo mismo, la única certeza que puede arriesgarse en cualquier balance político a futuro, es que el conflicto social tiende a crecer en volumen e intensidad. Prof. Carlos R. Santiago

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