OPINIÓN  27 de agosto de 2018

ARGENTINA: CUADRO DE SITUACIÓN (Prof. Carlos Santiago)

Expresado a grandes trazos, el modelo político que se inauguró a fines del 2015 y elevó a la presidencia a Mauricio Macri produjo una formidable transferencia de recursos por parte de los trabajadores, de pequeños y medianos comerciantes y empresarios, hacia los grupos más concentrados de la economía. Es decir, de los más pobres hacia los más ricos.

Como no puede ser de otra manera, esa desigualdad creciente de la ciudadanía condujo a una degradación de las instituciones con el consiguiente retroceso del sistema democrático. En respuesta a esta avanzada conservadora, la ciudadanía resiste y lucha. Las puebladas recorren la geografía del país. Esto se observa en nuestras mujeres reclamando la despenalización del aborto,  ganando las calles del país y constituyéndose en protagonistas destacadas de nuestro tiempo político. Las respuestas populares atraviesan la sociedad argentina toda. Puede constatarse también en las miles de personas que concurrieron a San Cayetano pidiendo trabajo y rechazando al FMI, cuando hasta hace poco iban a agradecer, precisamente, la posesión de un trabajo. En las luchas de docentes y de la comunidad educativa reclamando salarios, el mantenimiento de escuelas y universidades y un mejoramiento en las condiciones laborales, luego de las trágicas muertes en Moreno y el vaciamiento de las altas casas de estudio.

El deterioro de las instituciones y de las garantías constitucionales se reitera  cuando el Ejecutivo decreta la transformación doctrinaria de las Fuerzas Armadas, en función de utilizarlas en la represión interna. Cuando la gendarmería y la policía provincial reprimieron en Mosconi  (Salta) a un grupo de desocupados que pedían puestos de trabajo.

El retroceso democrático y  pérdida de la soberanía se produce cuando el gobierno nacional autoriza la presencia de tropas extranjeras en el territorio,  al permitir el ingreso irrestricto de las importaciones y  acrecentar  temerariamente el endeudamiento con el FMI, que a su vez impone sus recetas recesivas a la economía del país. En la misma sintonía puede señalarse la intención gubernamental de desguazar el Astillero Río Santiago, que fundado en los años ’50, tuvo como objetivo consolidar nuestra soberanía naval. Así entonces se adquieren lanchas patrulleras en Israel que podrían ser construidas en Ensenada a costos significativamente menores. La intención de acabar con la producción nacional pudo verse claramente cuando Mauricio Macri  afirmó  en estos días, en referencia al Astillero, que “habría que dinamitarlo”. Sin embargo, los trabajadores del sector  están demostrando, como en otras etapas históricas ya lo hicieron, que están dispuestos a defender su fuente de trabajo, a pesar de la represión con balas de goma y gases lacrimógenos que les descargaron el 21 de agosto frente a la gobernación de la provincia de Buenos Aires. Como telón de fondo, el dólar sigue aumentando su cotización en paralelo con la inflación que ya se pronostica muy por encima del 30% para 2018, mientras los salarios y jubilaciones reciben un aumento de alrededor del 15%, deteriorando considerablemente el poder adquisitivo de la población. Este virulento ataque al bolsillo de los trabajadores es acompañado de  una fuerte represión,  persecución política y sindical, deteniendo a opositores y estigmatizando mediante el uso y abuso de jueces adictos y medios periodísticos cómplices, a todo aquel que no esté dispuesto a  aceptar mansamente el deterioro de su  calidad de vida. Pero pareciera que no hay “cuadernos” ni aprietes judiciales que puedan detener el reclamo popular que crece. Puede verse en los sindicalistas que están trabajando para constituir una CGT más combativa;  en el plenario de la militancia que congregó a miles de personas del conurbano y de las provincias del interior, que se llegaron a Ensenada el 11 de agosto; en la Multisectorial del 21 F que se lanzó en el microestadio de Atlanta, y en las innumerables movilizaciones que se producen a diario en las calles de la Patria.

Está claro entonces que ante el ajuste hambreador del gobierno y el FMI, sólo hay un camino posible: el pueblo en la calle defendiendo el salario, el empleo y el conjunto de sus derechos. Esa lucha popular favorecerá, sin duda, la unidad política y sindical necesaria para enfrentar en las instituciones, en las calles y eventualmente en las  urnas, a un gobierno que se burló de sus votantes, llevando adelante una política contraria a sus promesas electorales y  que solo beneficia a un puñado de ricos y empobrece a las grandes mayorías.

                                              Prof. Carlos R. Santiago                 

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