OPINIÓN  27 de junio de 2018

ARGENTINA: FINAL ABIERTO ( Por el lic. Carlos Satiago )

Una constante que surgió con la llegada del macrismo en diciembre de 2015, es el combo de calamidades que se descargan sobre los trabajadores, jubilados, comerciantes, pequeños y medianos productores y pueblo en general. Inflación que se estima por encima del 30% para este año, paritarias pautadas por el gobierno al 15%, desocupación cercana a los dos dígitos, cierre de fuentes de trabajo, importación indiscriminada y un dólar que no tiene techo, acompañado todo esto con un endeudamiento que no conoce antecedentes históricos, completan un panorama que solo presagia más pobreza para el grueso de la población. Más aún si se tiene en cuenta los condicionamientos a los que somete el FMI a sus deudores, que no es otra cosa que ajuste en salud, educación, jubilaciones, obra pública y todo tipo de recortes al "gasto social". Lo que significa además que el verdadero poder para decidir la política económica ha sido cedido a Cristina Lagarde, Directora del Fondo.

Pero como toda acción genera una reacción, veamos algunos datos que dan muestra de la resistencia y lucha de los sectores populares. Quizá un mojón ilustrativo del grado de concientización y movilización alcanzada por una proporción enorme del pueblo argentino, lo constituyó la marea verde protagonizada por las mujeres que días atrás empujaron al Congreso a aprobar --- en Diputados--- la legalización y despenalización del aborto. Movilizaciones y protagonismo que quebraron la maniobra de un  gobierno que introdujo el debate en torno al tema, con el objetivo de distraer a la ciudadanía de otros problemas más acuciantes como es el hambre que llegó a una franja enorme de la población, en un país que produce alimentos para cuatrocientos millones de personas. Pero la cortina de humo que se quiso introducir se vio superada por millones de mujeres movilizadas en torno al Congreso, en las plazas públicas y hasta en la toma de colegios. Tanta fue la presión popular que hasta algunos legisladores oficialistas y otros que en principio se oponían, a último momento cambiaron su posición en el Congreso dando su apoyo al proyecto.  Pero tal vez la constatación más clara acerca del humor social haya sido el unánime paro general del 25 de junio último. Que por otra parte tiene sobrados antecedentes en las numerosas movilizaciones de marzo de 2017 y  en las recordadas jornadas del 14 y 18 de diciembre, en rechazo a la reforma previsional impulsada por el gobierno. Además en la jornada del 21 de febrero de este año; en los dos paros generales que se hicieron al gobierno de Macri el 6 de abril de 2017 y el 18 de diciembre pasado. Claro que también es válido el reclamo que se le hace a la dirigencia de la CGT en relación a que el paro del 25  debió convocarse con movilización. Sin embargo sería grave olvidar lo principal de esa  jornada. El paro contó con la adhesión generalizada de los trabajadores y de sus organizaciones sindicales, lo que le confirió una contundencia de la que no se tiene memoria en los últimos años. Por lo demás, se observan señales en el campo sindical en función de lograr una mayor unidad y combatividad en las luchas obreras. En esa dirección se manifestó Pablo Biró, de la Asociación de Pilotos quien aseguró que un paro solo no es suficiente y afirmó que es preciso acompañarlo con “un plan  programático” que una la CGT: “Habiendo logrado la unidad, hay que impulsar un plan de lucha mucho más profundo” indicó, para luego rematar sus palabras  diciendo: “nadie negocia con débiles, necesitamos una CGT  fuerte. . .”.Por su parte,  Pablo Moyano se expresó en el mismo sentido y le reclamó a los dirigentes sindicales que “se pongan el mameluco y salgan a la calle, y además que la medida de
fuerza  no se agote el lunes a la noche, porque este modelo   va a seguir queriendo venir por los convenios colectivos de trabajo, la reforma laboral y con un ajuste brutal después del acuerdo con el Fondo”.

Como es evidente, la transferencia de recursos de los que menos  tienen hacia los grandes grupos económicos y el sector financiero, no cesa. La resistencia y la lucha de los trabajadores y los sectores populares tampoco. El escenario político a futuro es imprevisible,  un final abierto; sin embargo, existe la certeza de que la puja de intereses, la lucha de clases, tiende a extenderse a lo largo y ancho de la Patria.

          Prof. Carlos R. Santiago

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