OPINIÓN  25 de agosto de 2017

POPULISTAS

Vientos de cambios políticos atraviesan nuestra América Latina. Para algunos analistas del sistema, asistimos al final de los mal llamados gobiernos "populistas".

 

". Envalentonados con el reemplazo de gobernantes en Brasil y Argentina por representantes  del neoliberalismo, anuncian eufóricos  la restauración conservadora. Entre otras razones argumentan que los gobiernos progresistas prosperaron gracias al alto precio que tuvieron sus materias primas en el comercio internacional. Sin embargo no siempre fue así. Cuando gobernaban en nuestro país la Sociedad Rural y los capitales ingleses, Argentina era para tiempos del Centenario, el "granero del mundo". No obstante, en Buenos Aires abundaban las ollas populares , el hacinamiento en los conventillos y los luchadores sindicales llegados con la inmigración eran deportados por la entonces vigente Ley de Residencia. Pero volviendo a los gobiernos progresistas, conviene recordar que muchos de ellos fueron derrocados por los denominados "golpes blandos"; Honduras  (2009), Paraguay (2012), y Brasil (2014).  En Argentina,  Macri  llegó a través de las urnas, pero mintiendo acerca de los verdaderos objetivos de su futura gestión.

Mientras en los años del progresismo se restituyeron derechos y se sacó de la pobreza a millones de latinoamericanos, con Temer, Macri, Santos, Cartes  y Peña Nieto aumentó la desigualdad y creció la represión entre los sectores populares. Por esto y mucho más  puede decirse que no hay tal "agotamiento" de aquellos modelos. Esta nueva versión del denominado "fin de la historia", está desmentida por la acción de los pueblos que no se resignan a perder mansamente los derechos adquiridos. El fracaso de las políticas económicas en Brasil, consolidan  el liderazgo de Lula da Silva. Algo similar ocurre con Cristina Kirchner. De poco sirven el injusto acoso judicial y la operatoria mediática contra estas dos figuras emblemáticas de la justicia social. En el caso de Venezuela hay un gobierno elegido democráticamente, asediado por la oligarquía local, el imperio norteamericano, la OEA y los gobiernos funcionales a EE.UU. Allí, el presidente Maduro, respaldado por la mayoría del pueblo venezolano, enfrenta la violencia de la oposición, el desabastecimiento, los asesinatos por medio de sicarios y la acción desestabilizadora de la embajada norteamericana. La razón de fondo de tanto odio al gobierno bolivariano, es sin duda la existencia en Venezuela de las mayores reservas de petróleo del  mundo, junto a las de gas  y otros recursos minerales. Algo es seguro en el dinámico escenario político de la región. Los gobiernos de la derecha no logran consolidarse en el tiempo. En Chile, Colombia y Méjico, la izquierda tiene serias chances electorales en las próximas elecciones presidenciales. En Brasil, Temer está totalmente desprestigiado y tiene los días contados como presidente. En Argentina, Macri pierde  credibilidad y ya casi no puede presentarse en público por temor al repudio del pueblo. A pesar de los globos y el baile de la noche de las PASO, ahora se supo que luego de retardar el conteo de los votos en los lugares donde los números no lo favorecían, Unidad Ciudadana se impuso en el importante escenario de la Provincia de Buenos Aires y en Santa Fe, redondeando una adhesión aproximada del 48% del electorado nacional. Sumado a los votos de Massa y Randazzo, más las otras expresiones minoritarias, se puede afirmar que 2 de cada 3 argentinos le dijeron no al modelo económico y social de Macri. Pero además, en las calles del país crecen las protestas de las organizaciones sociales, de los trabajadores nucleados en la CGT y las dos CTA, como se vio el 22 de agosto cuando protagonizaron  una importante  movilización popular para rechazar la política regresiva del gobierno. Como puede verse, la asesoría de Duran Barba, el blindaje mediático y la protección de la corporación judicial, pueden funcionar por un tiempo, pero más tarde o más temprano, la dureza del ajuste oficial, los despidos, la inflación y la consiguiente pérdida del poder adquisitivo, derrumbarán las mentiras de la pesada herencia, del supuesto diálogo y del un futuro prometedor. Ocurrió antes con el liberalismo de la dictadura, de Menem y con De la Rúa. Inexorablemente, similares medidas antipopulares empujan a un final parecido. Como en otras encrucijadas  históricas, la acción y el protagonismo popular desalojarán del gobierno a ricos y poderosos, dando lugar a políticas que respondan a los reclamos de las mayorías.

 

Prof. Carlos R. Santiago

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